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Alineando la estructura a la estrategia

Partiendo de la famosa frase, ¿qué es primero la estrategia o la estructura?, proponemos evolucionar la misma a alinear la estructura a la estrategia.

El momento que vivimos ha hecho que las premisas sean otras:

  • Es difícil planificar a medio plazo y el largo plazo se ha convertido en una misión imposible.

  • Una vez hayamos tomado las decisiones oportunas, hay que ejecutarlas ágilmente: Reflexiona primero pero luego actúa rápido.

  • Ya no hay planes de acción a un año vista, sino hitos a conseguir en el corto plazo (3 meses, 1 mes, depende de cada empresa y sector).

  • Los diferentes equipos deben coordinarse por ellos mismos para no perder velocidad: menos reuniones colectivas y más reuniones “one to one”.

  • Los organigramas verticales cada vez son menos útiles para ganar velocidad, en cambio, sí lo son los equipos transversales.

  • Hemos de proporcionar a los equipos las herramientas necesarias para poder actuar a la vez y de forma autónoma, pero, trabajando como si de un único equipo se tratara: el equipo ha de auto-coordinarse.

Y en esta situación ¿qué podemos hacer? Algunas sugerencias a tener en cuenta:

  1. Debemos tener un propósito de empresa, compartirlo y cambiarlo (cuando sea necesario).

  2. La dirección, una vez analizada toda la información externa y las opiniones de sus equipos, debe definir claramente los objetivos generales a un año vista o para el período que sea capaz de vislumbrarse.

  3. La dirección también debe proponer y negociar con cada responsable qué se espera de él, fijándole unos objetivos que estén alineados con los generales. Toda la organización debe saber qué se espera de ellos.

  4. Los responsables tienen que ejecutar los objetivos de la mejor forma posible, marcándose ellos mismos unas metas a conseguir en tramos de tiempo cortos, por ejemplo, un mes, dos, tres meses. Son responsables del cómo y así vayan consiguiendo sus resultados, irán avanzando en nuevos hitos y/o modificando los mismos.

 

Un propósito común y todos los componentes aportando lo mejor de cada uno.

Esta adecuación de la estructura a la estrategia no es un tema de organigramas sino de alinear los objetivos de cada responsable a los generales de la organización. Se consigue:

  • Evolucionar de una estructura vertical a una horizontal con metas transversales individuales, alineadas con los objetivos generales de compañía.
  • Los departamentos en si pierden fuerza y la ganan las personas
  • Se trabaja pensando en las prioridades y objetivos de la empresa frente a las de las personas o departamentos.

Al final toda la organización puede visualizar en un mapping los hitos a conseguir, ya sean propios o del resto de la organización, los objetivos generales, y qué personas de la organización colaboran en la consecución de los mismos, así como su rol en ello.

Se asemeja a una banda de jazz: un propósito común y con todos los componentes aportando la mejor música de cada uno, para conseguir las mejores interpretaciones.

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