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Liderazgo positivo, liderazgo femenino

UNIDOS CONTRA EL CORONAVIRUS

El liderazgo femenino ha dejado claro que funciona en momentos tan graves como una pandemia. Ahí están los datos de cómo los países con mujeres al frente de sus gobiernos han afrontado con mejores resultados la crisis de la Covid-19. ¿Servirá para aportar un cambio a los diversos ámbitos del liderazgo?

Liderazgo femenino (Foto: Unsplash)

Las reacciones de los dirigentes de cada país frente a la pandemia han sido y están siendo diversas. Es cierto que hay razones que parten de la cultura, las creencias o las costumbres… Pero, más allá de éstas, hemos constatado que los países con mujeres al frente de sus gobiernos han sabido reaccionar de manera más práctica, rotunda, anticipada, basándose en criterios científicos y de expertos, y no criterios políticos. No es una cuestión de apreciación partidista sino de comprobación objetiva. Ellas han estado, en general, a la altura de sus cargos y de las responsabilidades por y para las que fueran elegidas.

Esperamos de nuestros dirigentes guía y apoyo. Necesitamos líderes, no protagonistas. Este ha sido el comportamiento de siete países dirigidos por mujeres:  Mette Frederiksen (Dinamarca), Katrín Jakobsdóttir (Islandia), Sanna Marin (Finlandia), Angela Merkel (Alemania), Jacinda Ardern (Nueva Zelanda), Erna Solberg (Noruega) y Tsai Ing-wen (Taiwán). En los últimos días, medios como la cadena CNN o la revista Forbes —que publicó un informe basado en datos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés)— aseguraron que las respuestas de estos países fueron las “mejores” frente a la pandemia. También se han pronunciado en ese sentido el World Economic Forum, The Telegraph, The Washington Post y The Guardian entre otros muchos.

La presencia de las mujeres en el mundo laboral ha supuesto una gran transformación. Su acceso normalizado a los lugares de decisión supondrá una revolución.

Si el liderazgo es la capacidad de influenciar en un grupo de personas y no una característica innata ni una actitud exclusiva, tanto las mujeres como los hombres podemos aprenderlo si queremos y si existe una oportunidad real; hemos de facilitar esa oportunidad: todos y todas saldremos ganando.

“Nosotras encajamos más en un estilo democrático o participativo que en uno autocrático.”

DEBEMOS TRABAJAR PARA ENCONTRAR NUESTRO PROPIO ESTILO

Cada una ha de preguntarse cómo quiere desarrollar su propio liderazgo y hacerlo en función de su experiencia, capacidad de análisis y de comunicación, de resolución de conflictos y, también, cómo no, de sus debilidades y carencias. Las mujeres somos valientes: no nos importa mostrar nuestras debilidades y compartir para mejorar, es un rasgo de liderazgo que ahora es clave, porque al no tener necesidad de ocultar dudas de incertidumbres somos (más) capaces de abrazarlas y surfear con ellas.

Sabemos que, de manera general, nosotras encajamos más en un estilo democrático o participativo que en uno autocrático. Nos solemos sentir más a gusto centrándonos en las personas, sus problemas, necesidades e intereses, huimos de los protagonismos, propiciamos los pactos y la escucha. Se suele afirmar que ejercemos con frecuencia un liderazgo transformacional, aquel que se basa en el trabajo cooperativo, donde el éxito no es de una persona sino del grupo, en el que se combina el trabajo racional con el intuitivo y donde la competición deja paso a la colaboración.

En definitiva, cada una hemos de encontrar un estilo propio que sea fiel a nuestros valores y no asumir ni adoptar como propio —como ha sucedido en múltiples ocasiones— los modelos masculinos.

Nuestro gran reto es conseguir seguridad y desterrar la culpa. ¿Cómo hacerlo? Es esencial dedicar y dedicarnos el tiempo necesario sin presión, saber que vale la pena el esfuerzo, no paralizarnos al asumir responsabilidad, no permitir que la obligación y la responsabilidad nos robe la vida, aprender y formarnos siempre, atribuirnos valor, ser flexibles, apoyarnos en nuestro equipo y, finalmente y no menos importante, construir redes de mujeres.

A las pruebas me remito: cuando lo hacemos, lo hacemos bien.

 

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